Marchar y otras cosas revolucionarias

Marchar y otras cosas revolucionarias

12/21/2019

por Marina Román

El pasado 25 de noviembre (Día Mundial de la Erradicación de la Violencia de Género) por medio de Twitter se hizo viral el performance “Un violador en tu camino” organizado por el colectivo chileno Las Tesis con el propósito de crear conciencia del entorno de victimización que existe hacia la mujer en cuanto ocurre una injusticia. Este mismo performance se ha replicado por todo el mundo, ajustando las letras al contexto de cada país.

Monterrey no fue la excepción, la UANL y el Tec de Monterrey tuvieron distintas intervenciones realizadas por colectivos estudiantiles feministas. La protesta en el Tec se conformó por la presentación del performance ajustado a las circunstancias que se viven dentro del campus y que frecuentemente no son visibles ni reportadas públicamente por miedo a represalias. Posteriormente, la protesta estuvo acompañada de las clásicas consignas feministas y una dinámica de micrófono abierto, para quien quisiera compartir sus experiencias, vivencias o algún poema que había escrito. Al final, guardamos un minuto de silencio por Angie Ortiz, estudiante del Tec asesinada por su pareja (también parte del estudiantado del Tec) en el 2015.

Más allá de hablar de las abrumantes cifras de violencia o de los casos y denuncias impunes que dan motivo a esta creciente ola del feminismo latinoamericano, me gustaría hablar de lo que se siente formar parte de algo con un impacto enorme, que va muchísimo más allá de una lucha personal. Me faltan palabras para describir lo que se vive en una marcha feminista; es una oleada de emociones que combinan las lágrimas, con el enojo y la esperanza. Ese día éramos aproximadamente 260 mujeres alzando la voz al unísono. Alumnas, ex-alumnas, madres y maestras que poco sabíamos la una de la otra; pero concordábamos en que algo tiene que cambiar, y tiene que cambiar ya. Si tuviera que describir el verdadero sentido de “sororidad” sería ese: mujeres que a pesar de sus diferencias se unen en una sola voz.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció que nos va a tomar en promedio 99 años alcanzar un entorno equitativo en circunstancias y oportunidades. Al dimensionar esa cifra, hablo por muchas al decir que me rehuso a creer que no me tocará vivir esta hazaña; y creo que de ahí radica la importancia de unirse a la lucha feminista abiertamente, el ejercer una presión lo suficientemente grande para lograr un cambio positivo lo antes posible frente a lo social y lo político, porque las causas del feminismo en México no son ajenas a nosotros y prueba de ello son Abril Pérez y Angie Ortiz.

Hay pocas cosas en mi mundo que me dejan tan buen sabor de boca como el estar involucrada activamente en acciones en torno a cambiar la situación de la mujer en México. Actualmente creo que hay escasas acciones más revolucionarias y causantes de controversia en México como el decir “Soy feminista” y por mucho que me guste sentirme rebelde y revolucionaria, necesitamos que el feminismo se vuelva el común denominador para así lograr un mundo equitativo.